Mega coalición de derecha en Bolivia ›Mundo› Granma

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Jeanine Áñez es el mejor ejemplo de improvisación, de esas que la OEA y la derecha boliviana “se apoderaron”, tras el golpe de Estado contra Evo Morales, de creer que al nombrar a un presidente de facto sin ningún visto bueno y poca luz, pudo calmar la ira de la gente que, aún hoy, diez meses después del golpe, persiste.

Sabe muy bien que su ambición de convertirse en presidenta por voto popular es algo más que imposible.

Luego, como acaba de anunciar, optó este jueves por dimitir de su candidatura, con el argumento “para evitar que el Movimiento por el Socialismo (MAS) gane en la primera vuelta, como muestran las encuestas. y la llamada al “sí no nos unimos, vuelve Evo Morales”.

Tal admisión, como tuiteó el propio Evo desde su exilio en Argentina, “es una determinación que hace tiempo que se hace y lo único que queda por hacer es negociar su impunidad”.

Está claro – dijo Evo – que el precio de su nueva alianza es tratar de evitar ser juzgado por los escandalosos casos de corrupción en medio de la pandemia, por el genocidio de Senkata y Sacaba, masacres del Ejército boliviano contra pobladores movilizados que protestaron pacíficamente contra el golpe, que dejó decenas de muertos y cientos de heridos.

A su vez, Morales ha advertido contra la formación de una mega coalición de partidos de derecha que quieran continuar con el saqueo de la nación andina.

Está claro que Áñez negoció con los candidatos de la derecha para buscar la unión necesaria en las elecciones del 18 de octubre, con el único objetivo de eliminar a Evo y su partido, el MAS, para volver al poder en esta nación.

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Y lo hizo cuando supo que estaba perdido. Las encuestas actuales muestran al candidato del MAS, Luis Arce, como el favorito del presidente, seguido de Carlos Mesa, y Áñez, que dimitió, se apresuró a bajar.

El panorama preelectoral hace una advertencia muy clara para la izquierda y los movimientos sociales bolivianos: la derecha es capaz de unirse para derrotarlos, por lo que deben poder reaccionar en el poco tiempo que queda para las elecciones, para consolidar. sus posiciones en torno al MAS y convencer a los indecisos.

La OEA ya anunció que volverá como “observador” de las elecciones en Bolivia. Cuidado con otra posible maniobra de Luis Almagro y su institución, para despojar al pueblo de los gobernantes que elijan, como hizo en noviembre del año pasado contra Evo Morales.

Ya sea en la primera o en la segunda vuelta, la Bolivia de Evo, del MAS, puede volver a la senda del desarrollo democrático y social, donde las masas de trabajadores y campesinos eran dueñas de su presente y ahora están sujetas a represión después de la golpe de Estado. de Estado. A Bolivia, que era dueña de sus recursos nacionales, que actualmente están siendo privatizados o cedidos a empresas transnacionales.

La derecha se une para evitar la victoria popular. Corresponde a la izquierda y a los movimientos sociales unirse y hacer realidad la victoria de las fuerzas emancipadoras que, durante la última década, ha llevado al país a la cima del desarrollo económico y social de la región.

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