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Los sombríos Mercados Artesanales Industriales en Cuba


Bazar inglés en La Habana. Foto Archivo

LA HABANA, Cuba.- Cuando el gobierno cubano suprimió de la libreta de racionamiento los productos de aseo personal, no ignoraba que la mayor parte de la población no puede adquirir artículos de primera necesidad en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD). Por eso, como una opción alternativa para adquirirlos en moneda nacional, empezó a comercializarlos en las tradicionales ferreterías expropiadas a sus dueños en la década de los 60, a las que entonces les cambió el nombre por el de Mercados Artesanales Industriales (MAI). Pero desde 2011, cuando el jabón de baño y de lavar, la pasta bucal y el limpiador líquido empezaron a venderse de forma liberada en estos mercados, el desabastecimiento ha sido la mayor complejidad.

Durante cierto tiempo estas tiendas no eran una mala opción, puesto que si bien había menos calidad respecto a las de CUC, ciertos productos se hallaban acá a costes tenuemente inferiores, como los cilindros de luz fría. Hoy, muchos se preguntan qué ha pasado con ellos que solo se venden en CUC. Alrededor del 2013 todo parecía vaticinarle un buen futuro a estos mercados artesanales, que empezaron a vender productos de la marca Provari, fabricados en el país: jergones, almohadas, todo género de muebles para el hogar, mas al poco tiempo asimismo desaparecieron. Dada su buena calidad, no extraña que hayan corrido exactamente la misma suerte de los cilindros de luz fría, o bien el puré de tomates de la marca Ceballos: darle otro destino que le reporte más ganancias al gobierno.

Como una parte de una predisposición gubernativo para favorecer el ahorro, en su instante asimismo los bombillos ahorrativos se podían adquirir habitualmente en los MAI, al unísono que se vendían en las TRD sin mayores inconvenientes. Hasta que empezó su ausencia prolongada en esos mercados. Después de prácticamente un año sin localizarlos, María, una vecina, pudo adquirir 2. Inmediatamente fue a informarle a una amiga y le comentó que hasta los habían rebajado a 15 pesos. Esta, recelosa, los examinó y descubrió que eran de 220 W. Mi pobre vecina se lamentaba de que el dependiente no la alertó, pese a haberle manifestado sus dudas sobre el costo de los bombillos.

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Productos en venta en un Mercado Artesanal Industrial. Foto archivo

En sus comienzos, en los MAI podíamos localizar habitualmente cazuelas de aluminio, ciertos muebles, jergones, toallas, sábanas, manteles, lonas, ropa de hombre, mujer o bien pequeño que, aunque eran confeccionadas de manera artesanal cubrían las necesidades de las personas de poco poder adquisitivo. También en un lapso breve ofertaron cemento, pinturas para el hogar, puertas, ventanas, juegos de baño. Así se evitaban los trasiegos que se producen en los indicios. Pero con los años y la carencia de mantenimiento estos establecimientos se han transformado en locales poco atrayentes. Además, las mercaderías que se exhiben no tienen la calidad requerida, como tampoco una presentación agradable, así sea en las vidrieras o bien en el suelo donde habitúan a ponerla.

Otro rasgo propio de estos comercios es la inestabilidad del personal que allá labora, algo que ha de estar asociado a los bajos sueldos que perciben los empleados improvisados, que se identifican por su mala atención al público, siempre y en toda circunstancia intranquilices por finalizar y reluctantes a orientar al usuario. Otra de sus restricciones es que no tienen el más elemental conocimiento de ciertos artículos que tienen poca salida, pese a llevar años en exhibición.

Recientemente me hallaba en el MAI de 16 y Dolores cuando escuché a una señora preguntarle a la tendera por un codo plástico. Pero la pobre mujer, que olvidó la medida, formaba un círculo con los dedos índice y pulgar. La empleada, sin apenas mirarla, le respondió con un ademán que no había. Entonces, un hombre que aguardaba para adquirir le apuntó donde estaba el codo y le dijo: “Mira, es de los de 2 pulgadas”. Mientras de mala gana procuraba el codo, la tendera rezongó: “¡Es que hay cada uno de ellos!”.

Tienda Flogar
Tienda Flogar. Foto archivo

Y es que, como ocurre con cada proyecto pensado para darle “bienestar” a la población, su tiempo de duración es corto, así sea por el abandono o bien el poco valor de cambio que el gobierno le da al peso cubano. Aun de esta manera, no se fatigan de reiterar que los productos ofertados son subsidiados, y los mercados artesanales no son la salvedad.

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