La bailarina cubana Josefina Méndez recuerda el 80 aniversario de su nacimiento

La bailarina cubana Josefina Méndez recuerda el 80 aniversario de su nacimiento


La Habana, 8 de marzo – El 8 de marzo de 2021, Día Internacional de la Mujer, la gran bailarina Josefina Méndez cumpliría 80 años. Recordamos en esta fecha a esta bailarina y maestra, descrita como “diosa del ballet romántico” o “bella reina de la tragedia” por la crítica especializada.

Saltó al profesionalismo de la mano de los grandes maestros: Alberto, Fernando y Alicia Alonso, y se convirtió en una de las jóvenes privilegiadas del movimiento inicial que sentaría las bases de la escuela de ballet cubana.

Josefina Méndez, quien fue una de las “cuatro joyas del ballet cubano”, como lo describiría el crítico inglés Arnold Haskell, junto a Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá, nació en La Habana el 8 de marzo de 1941, y comenzó a seguir sus primeras lecciones de ballet en la Escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical y las continuó en la Academia de Ballet “Alicia Alonso”, bajo la dirección de Alicia Alonso y Fernando Alonso, León Fokine y José Parés, entre otros profesores de renombre, quienes descubrieron en ella un inmenso mundo interior que la inclinó a la interpretación de los roles de la época romántica.

Una bailarina muy talentosa, también fue una estilista consumada. Su presencia en el escenario siempre ha irradiado un aire de autoridad, una particular sofisticación que ha dado elegancia, fuerza y ​​originalidad a todas sus actuaciones. Su porte escénico, siempre dominado por la sobriedad y el buen gusto, fue una lección constante de buen trabajo teatral en la danza.

Josefina Méndez fue la bailarina con una personalidad singular en la que se mezclaron orgánicamente la técnica y su excepcional expresividad, lo que siempre contribuyó a todos los roles que interpretó, cuando se trataba de clásicos; ya los contemporáneos les dio un perfil dramático distintivo. Verla bailar fue una contribución a los sentidos y al enriquecimiento individual del espectador.

Su arte descubrió en el mundo una nueva y completa escuela de ballet, la cubana, durante el concurso internacional de ballet I y II, en Varna, Bulgaria -realizado, respectivamente, en 1964 y 1965- obtuvo las medallas de bronce y el dinero, respectivamente; también cuando en Francia en 1970 recibió la estrella de oro; cuando recibió el Premio Internacional de Arte Sagitario de Oro, en Italia en 1976, y cuando en Polonia, en 1981, recibió la Medalla de Honor en el Festival de Ballet de Lodz.

Su elegante y majestuosa presencia escénica, su dominio de la gran tradición romántico-clásico, su facilidad en los roles modernos, así como su aplaudido aplomo, la convirtieron en fiel representante de una técnica segura y la llevaron a ser artista invitada. empresas. en todo el mundo, como el Ballet Arabesque de Sofía, Bulgaria, en 1969; los teatros de ópera y ballet de Odessa y Alma Atá, y la Sala Rossía de Moscú, en 1971; del Ballet de la Ópera de París, Francia, en 1971 y 1973, de la Compañía Nacional de Danza de México, en 1976 y 1977; del Ballet Ateneo de Caracas, Venezuela; y el Ballet de Cali, Colombia, en 1994.

Josefina Méndez participó en las Galas Internacionales de Danza en Santander, España y Verona, Italia, en 1980; y el Encuentro de Ballet del Caribe de Puerto Rico en 1989.

Cuba, “mi patria amada con su cielo y su inmenso mar azul”, como definió y anhelaba en la época de las largas giras internacionales, supo reconocer el arte de este cubano ejemplar.

En 1981, Josefina Méndez recibió la distinción “Por la cultura nacional” del Ministerio de Cultura; el premio “Raúl Gómez García” del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Cultura; en 1982, la medalla “Alejo Carpentier”, del Consejo de Estado de la República de Cuba; en 1984, la medalla “Fernando Ortiz”, de la Academia de Ciencias, en 1988; la Giraldilla de La Habana de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en 1998; la Ordenanza “Félix Varela” del Consejo de Estado de la República de Cuba, de 1999; y el Premio Anual del Gran Teatro de La Habana, en 1992.

En 2000, Josefina Méndez recibió el doctorado honoris causa en arte danzario, en el Instituto Superior de Arte de Cuba; y en 2003 recibió el Premio Nacional de Danza, otorgado por el Consejo Nacional de Artes Escénicas del Ministerio de Cultura y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Su excelencia en primera bailarina la identificó con los personajes de Odette, Giselle, Madame Taglioni, Juana de Arco, Kitri, Tepsícore, Carolina, Penélope y Bernarda, y los roles de solista en obras coreográficas contemporáneas como Génesis, Plásmasis, El Güije, La nueva Odisea y espacio y movimiento.

Su garbo en Majísimo, su drama en ¡Viva Lorca! su cisne herida, suave y ondeante, la divertida Lissette en La fille mal gardée, fue aplaudida con delirio. Sus actuaciones personales en Dionaea y Evening in the siesta han sido notables.

Josefina Méndez falleció en La Habana el 26 de enero de 2007. (Sitio web del Ministerio de Cultura)

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