El hombre que hizo del boxeo una ciencia ›Deportes› Granma

Alcides Sagarra compartió muchos momentos con el Comandante en Jefe Fidel Castro. Foto: Ricardo López Hevia

Se vio obligado a vender muchos cacahuetes y periódicos, a lustrar muchos zapatos en su Santiago de Cuba natal para pagar sus estudios y poner comida en la mesa de su casa. A pesar del esfuerzo, no pudo terminar la escuela primaria, pero nunca se rindió. Sí, era pobre, pero tenía sed de conocimiento. Irónicamente, fue su asma lo que lo llevó al boxeo, ya que un entrenador le dijo que el ejercicio sería bueno para él, y estos son los guantes que eligió.

Después de que la revolución reinara en Cuba, comenzó a trabajar como mecánico para el Ministerio de Salud Pública, y por la tarde se dirigió al gimnasio en

Calle Agua Dulce, en el municipio de Cerro en La Habana.

Era prácticamente invencible, sin embargo, como todos los seres humanos, tenía un lado débil, pero nunca lo dejaba brillar. En el box, dijo: “Tienes que esconder tu defecto, poner todas tus virtudes en la lona”. Por eso, en el turno 84 de una vida llena de victorias para su pueblo, se mantiene invicto.

Alcides Sagarra Carón, el maestro, el entrenador, el doctor en ciencias de la cultura física, el creador de la escuela cubana de boxeo, el mejor entrenador del mundo, según la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA), la amigo de Fidel, celebra su cumpleaños.

¿Son sus 32 medallas de oro olímpicas, 63 campeonatos mundiales y 64 coronas en la competencia mundial juvenil para rendirle homenaje? Sin duda, pero naturalmente está insatisfecho, y estoy seguro de que quiere seguir ganando, es decir, quiere que el boxeo cubano siga ganando. Entonces, si queremos saludar esta vida, no hay mejor manera que recordar cómo el maestro produjo cada una de las victorias y las emociones que vivimos en cada pelea.

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Lo primero que hizo fue hacer una ciencia del boxeo, aunque cuando se hizo cargo de la selección nacional acababa de terminar sexto año, tarea que había permanecido pendiente desde sus inicios. infancia. En el marco, promovió el cuestionamiento y la búsqueda del conocimiento, y dio ejemplo personal, obteniendo una licenciatura en cultura física y, en 1992, un doctorado.

Lo escuché decir: “La escuela de boxeo cubana es un centro de campeones porque no solo lanzamos golpes aquí. Pasas por todo un proceso de aprendizaje, que involucra al profesor y al deportista como una unidad. Nuestro boxeador conoce a sus rivales y se conoce a sí mismo, a nivel biológico, técnico, táctico, físico, pero también psicológico. Entonces el entrenador debe guiar todo este bagaje para convertirlo en una medalla, porque, si hay un patrón a seguir, cada deportista tiene su individualidad, desde un punto de vista social, su carácter, incluso sus respuestas motivacionales. Los éxitos del boxeo cubano no son fruto del azar, sino de la interacción entre el entrenamiento y las ciencias aplicadas: educativas, psicológicas, biológicas, médicas y otras.

Alcides siempre ha tenido una máxima: “Un deportista debe saber lo que representa y por eso incluimos las humanidades en el entrenamiento. Representar al movimiento deportivo cubano es luchar por su bandera, y en nuestro caso, por la Revolución, porque te hace invencible. Y la prueba está ahí, por eso nos llaman el buque insignia del deporte cubano.

No esconde su orgullo en las cientos de veces que Fidel lo llamó, confió en él, en las visitas del Comandante en Jefe a Holvein Quesada, campamento Guajay, sede de la escuela cubana de boxeo, que el director de la Revolución misma fundó. “Podría pasar una hora o tres; incluso se ponía guantes. Era el mejor amigo de los boxeadores ”, no se cansa de decir el profesor.

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Me viene a la mente una anécdota que no se puede olvidar en ningún diálogo con

Sagarra. En las finales de boxeo de los Juegos Panamericanos de 1991, había que decidir el primer lugar entre Cuba y Estados Unidos en el medallero. Fidel, como de costumbre, quiso ver a los boxeadores, pero Sagarra se negó. “El comandante envió a alguien por mí y me preguntó por qué. Le dije que no quería que se emocionaran. Me abrazó, dijo que estaba de acuerdo con eso y que ganaría muchísimas medallas.

Esa noche, el boxeo cubano ganó 11 de los 12 títulos disputados y, por primera vez, llevó a las Américas a los Juegos Continentales.

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