empeoramiento dolarizadas productos subsidiados necesidad CYMIMA20190305 0016 16 - El hambre: un tema feminista inaplazable

El hambre: un tema feminista inaplazable


Cola en un agromercado (Foto 14ymedio)

LA HABANA, Cuba. – Las croquetas de Fefa: sin carne, ni jamón, ni chorizo, ni pollo. Engrudo frito de harina y huevo. La gente hambrienta hace cola. El desayuno, sin leche, apenas un pan duro, cuando alcanza. Mal café de café mezclado con chícharo. Si se tiene suerte, un huevo o bien un youghourt. Agua con azúcar la mayor parte de las veces.

No te quejes y sal pa’ la calle a combatirla. Sigue siendo como el Che, vanguardista por el comunismo hasta el momento en que el comunismo te tumbe. La cosa no cambia.

Mientras tanto, en la casa de los comandantes, en los yates de sus hijos y de sus nietos, en las viviendas de los “macetas” y en las de toda la camarilla explotadora del pueblo, se come cangrejo y langosta fresca, costillas de puerco y filete mignon, bacalao a la vizcaína con los más aromatizados arroces. Se comen flanes y pudines, quesos franceses con casquitos de guayaba, majarete, torrejas y boniatillo, piña, mamey y zapote.

En otros tiempos fueron las hamburguesas de “pavo de altura” –léase, tiñosa-, los pan con bisté de frazada de piso bien aderezada, y las pizzas con simulacro de queso –léase conmutes fundidos. Hubo hasta fallecidos, no de apetito sino más bien de envenenamiento. El cuartico está igual, mas con alteraciones. La cosa no cambia. El machangato no cambia. Sí, eso: el machangato, el poder y desgobierno de los machangos disfrazados de uniforme y botas militares, tabacones exclusivos, armas largas –de seguro, penes cortos-, barrigas llenas, paladar satisfecho, bolsillos llenos. Así sí se puede ser socialista, marxista, trotskista, maoista, guevarista. Revolucionarios de tribuna, grandes burgueses en la práctica. Mientras, el pueblo… el pueblo se muere de nada.

En casa de Juana la cubana se come por la libreta –hoy la canasta básica, ¡qué mofa!- hasta donde alcance. Según se reporta, la libreta no da ni para una semana de consumo en un hogar normal.  Y no solamente los comestibles, tampoco alcanzan las medicinas, que hace meses –¿años?- brillan por su ausencia, excepto en bolsa negra, lo que confirma que se roba y se roba a todo nivel, pues ladrón que birla ladrón tiene 100 años de perdón.

En Cuba, poquísimas mujeres y apenas un par de hombres se han enterado de que regir con conciencia es un tema feminista, que no puede conseguirse con tanto macho-militarismo testérico y tanto caudillo suelto y sin vacunar. Eliminar el apetito es un tema feminista. Respetar al trabajador es un tema feminista. Acabar con la prostitución, la violencia sexista, y la trata de personas es un tema feminista. Alimentar a los pequeños y a los viejos es un tema feminista. Atender a los enfermos es un tema feminista. Cuidar el medio ambiente, la vegetación y la fauna es un tema feminista. Mantener la paz es un tema feminista. Fomentar el progreso personal y el colectivo es un tema feminista. La autodeterminación de los pueblos es un tema feminista. La democracia representativa es un tema feminista. El desarrollo sustentable es un tema feminista.

Fíjense que no digo “es un tema de mujeres, o bien para mujeres, o bien entre mujeres”. Se puede ser mujer y no saber nada de feminismo, ni comprender el planeta y proponerse la vida desde esa óptica concreta. Cuba ha tenido una buena ración de mujeres patriarcales desde el comienzo de esta pesadilla: Vilma Espín Guillois, castrista y burguesa implacable que hasta su muerte chilló a nombre de 5 millones de mujeres y pequeñas aquello de “¡Comandante en Jefe: Ordene!”; Celia Sánchez Manduley, que se conformó con manipular agendas tras bambalinas y se dejó tener por la amante del primerísimo; Haydee Santamaría, que se dejó abrumar por el mediocre de su marido, Armando Hart, y acabó en el suicidio, para mayor –si bien estruendoso- silencio; Melba Hernández, desprovista de poder pese a su historial combatiente; Pastorita Núñez, borrada de las esferas de mando.

Y las prosigue teniendo: Mariela Castro Espín, por solo mentar una, lejos de ser feminista practicante, decreta los posibles beneficios laborales que puede brindar la prostitución a la holandesa. Es la portaestandarte de los gais, mas no de la población lésbica cubana.

¿De qué forma es esto posible? Muy fácil. En Cuba se tiene el feminismo por ideología del imperialismo. La revolución borró décadas de progreso feminista cuando anuló las más de 900 organizaciones independientes de mujeres que se forjaron a lo largo de la República y creó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización de masas supeditada a la jerarquía fálica y al Partido. De lo que se desprende que no ha habido educación feminista alguna en 70 años, y quizá solo un centenar de cubanas –y un puñado de hombres- conocen el tema.

Nadie parla feminismo en la jerarquía. Ni las ministras de Industria Alimenticia, Trabajo y Seguridad Social, Educación o bien Finanzas y Precios. Ni la única vicepresidenta –de 6- del Consejo de Estado y de Ministros. Ni aquellos ministros que podrían progresar la vida del cubano de a pie, como los de Industria, Agricultura, Economía y Planificación, o bien Salud Pública.

Las académicas australianas Christine Chinkin y Shelley Wright señalaban hace múltiples años: “El derecho a la autodeterminación es lo que garantiza el derecho a no pasar apetito, si bien absolutamente nadie lo vincula al derecho humano a la subsistencia.”  Y como bien apunta la rapera Hefzi-Ba: “Cuba es un país sexista, con un alegato sexista, con una plataforma sexista, con una postura sexista, donde las mujeres somos violentadas física y verbalmente…” ¿Se desea mayor violentación que el apetito?

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