¿Dónde está la responsabilidad en Cuba?

Después de la recuperación en COVID-19, que tuvo lugar en Cuba a fines de julio, la prensa oficial y altos funcionarios utilizaron reiteradamente el término “responsabilidad” para señalar a los presuntos culpables del revés.

Por su etimología, responsabilidad designa la calidad del responsable. Está formado por la palabra responderdel verbo latino responder, lo que significa estar a la altura de lo prometido. El término denota una cualidad y un valor de la persona capaz de comprometerse con algo o alguien y actuar en consecuencia. Por tanto, la responsabilidad implica la capacidad de la persona para decidir de forma independiente y voluntaria, para lo cual debe ser libre.

Nosotros regímenes democráticos el pueblo, el soberano, delega el poder en un gobierno a través de elecciones libres, mientras que sus derechos están respaldados en una constitución redactada por delegados elegidos libremente. En los regímenes totalitarios, el pueblo no ejerce soberanía. La persona se convierte en una pieza de la máquina estatal, total o parcialmente desprovista de libertades y derechos. Debido a esta diferencia en las democracias, los ciudadanos y el totalitarismo están sujetos.

Existe una relación indisoluble entre responsabilidad, libertad y participación. No puede ser responsable si no tiene los derechos y la libertad de participar. Las autoridades tampoco tienen el poder de exigir responsabilidades por no contar con la legitimidad que otorga el pueblo en elecciones libres y democráticas.

Con base en esta tesis, en las siguientes líneas he resumido cinco de las múltiples declaraciones publicadas en la prensa oficial cubana sobre responsabilidad:

Dos periodistas de Granma Preguntaron: “¿Dónde estaba la gente del barrio que no se dio cuenta de una posible fuente de contagio? ¿Por qué no se informó del hecho al Ministerio del Interior? Sencillo: resulta que todos vemos el virus desde lejos, pero pocos se dan cuenta del peligro real de una enfermedad tan contagiosa … El bienestar colectivo depende de la responsabilidad cívica individual ”(domingo 2 de agosto de 2020).

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¿Dónde estaba la gente? Bueno, lo era, los que no existían y no podían ser porque no existen eran ciudadanos.

El primer ministro, Manuel Marrero Cruz “Consideró que los hechos ocurridos en las provincias de La Habana y Artemisa, fueron provocados por la actuación irresponsable de algunos que violaron el cumplimiento de las disposiciones para el momento actual en que nos encontramos” (Granma, Viernes 7 de agosto de 2020).

No puede haber una acción irresponsable, porque para eso primero debes comprometerte, no levantando la mano en una asamblea, sino asumiendo un compromiso libremente, que implica libertades y derechos. Por lo tanto, no existe tal violación.

Presidente Miguel Díaz-Canel Dijo: “Se puede diseñar lo mejor de las plataformas de enfrentamiento, pero como esto solo se hace realidad es con la participación de la gente, si casi todos no actúan de manera disciplinada, todo este trabajo se tira al suelo” (Granma, Sábado 8 de agosto de 2020).

Es cierto que la participación del pueblo es fundamental, pero el sistema que representa impide esa participación; por tanto, tiene razón cuando dice que la obra está arruinada.

“Para controlar este problema”, dijo Miguel Díaz-Canel, “debe haber una gestión gubernamental y una gestión ciudadana, la participación de la población …” (Granma, Martes 1 de septiembre de 2020).

Una vez más, Díaz-Canel tiene razón. Lo doloroso es que no hay gestión ciudadana porque no hay ciudadanos, sin los cuales no habrá control.

“Por la acción de unos pocos. La Habana volvió a la fase de transmisión indígena limitada, que implica el cierre de casi todas las actividades productivas y servicios, la prolongación de la epidemia y también la recuperación económica del país, así como el posible retraso en el reinicio del año escolar, programado para septiembre. “(Granma, Martes 11 de agosto de 2020).

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Es decir, el regreso, el cierre de actividades, la prolongación de la epidemia, la recuperación económica y la demora en reiniciar el año escolar, es responsabilidad de un grupo de cubanos. No es un comportamiento nuevo. Un amigo me dijo hace unos años que el gobierno cubano hace todo bien, pero casi todo está mal. Los culpables son Estados Unidos, fenómenos atmosféricos o personas.

El 16 de enero de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la alerta epidemiológica. En Cuba, debido a su condición de isla, se impusieron fronteras inmediatas. Cuando la pandemia se extendió a 114 países y provocó más de 4.000 muertos, las autoridades cubanas, no el pueblo, siguieron ofreciendo seguridad al turismo.

El 15 de marzo, cuatro días después de la invasión del Covid-19 en Cuba, el Director de Calidad del Ministerio de Turismo aseguró que el país seguía siendo un destino seguro para los turistas. Y el subdirector de Operaciones y Calidad de ese ministerio, reiteró que los clientes que decidan venir a Cuba serán bienvenidos, ya que el país estaba dispuesto a frenar y controlar este flagelo con un sistema de salud competente (Juventud Rebelde, domingo 15 de marzo 2020). Recién el 20 de marzo se anunció el reglamento de entrada a las fronteras del país. Cuando tres de los turistas italianos que llegaron en ese momento tuvieron síntomas positivos. Y esa no es responsabilidad de la gente.

La existencia de irresponsabilidad en algunos cubanos es un hecho, pero es un efecto, no una causa. ¿Porque? Porque faltan dos instituciones básicas de la modernidad para la participación responsable del pueblo: el ciudadano y la sociedad civil independiente. El primero, como sujeto de derechos y obligaciones consagrados en las leyes; el segundo, como red de asociaciones, espacios públicos, medios de expresión y otros recursos, autónomos del Estado.

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Estas dos instituciones existieron en Cuba hasta 1959, pero fueron eliminadas. La sociedad civil es reemplazada por un grupo de organizaciones creadas o subordinadas al poder y el ciudadano desaparece del escenario; mientras que las libertades se limitaban constitucionalmente a la defensa del sistema totalitario.

El Papa Estado decidió cuidar de todo y de todos, solo necesitaba un hombre “nuevo”, formado por la calidez de las consignas y la obediencia para cumplir órdenes y librar batallas. La culpa, entonces, no es culpa de los soldados.

Como resultado, el modelo implantado, ajeno a la naturaleza humana, no funcionó. Cuba es un país de cultura occidental, con una rica historia de libertades y derechos avalados en las constituciones republicanas.

La gran responsabilidad, no solo por la repercusión de la pandemia, sino también por las deficiencias que llevaron a la incapacidad productiva, la generalización de la corrupción, la escasez y las filas interminables, recae en quienes acusan a una parte del pueblo irresponsable. Lo sucedido muestra una vez más que el funcionamiento de la sociedad requiere de componentes ausentes en Cuba, que deben ser reemplazados.

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