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"Cayó una nave espacial en nuestro barrio"

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Gerardo Carbonell mastica un tabaco, sentado en la puerta de una ciudadela de la calle Prado, mientras dice que en su vecindario “cayó una nave espacial”. El deslumbrante objeto sí está reconocido y no es otro que el recién inaugurado hotel Grand Packard, el segundo de categoría cinco estrellas agregado de Cuba.

La fachada resplandece bajo el sol de septiembre y aunque todavía no se observa trasiego de turistas, el hosting ya está ocasionando cierto revuelo. “En los últimos días han venido bastante gente destacables a ver y formar parte de la inauguración”, cuenta Carbonell, aunque “no se mueven bastante, no caminan para esta parte”, lamenta.

La ciudadela donde habita ya hace 60 años este habanero jubilado está a pocos metros de la imponente construcción pero parecen dos mundos además. “Esto es como el sol y la luna, el día y la noche”, opina. “Ahora estas viviendas se ven más deterioradas porque en comparación con esa cosa nuevecita todo se ve más viejo”.

“Ahora estas viviendas se ven más deterioradas porque en comparación con esa cosa nuevecita todo se ve más viejo”

Con “viejo” Carbonell no tiene relación solo a los años que tiene el inmueble estilo colonial donde habita con su mujer y tres hijos, sino también a la instalaciones. “En este del sol las tuberías colapsaron hace años y todo el agua que se consume debemos sacarla a cubos de la cisterna o llevarla con motores propios hasta los cuartos”.

Sin embargo, el menor de sus inconvenientes es mover el agua dentro de la ciudadela, lo más difícil es que llegue al lugar. “Tenemos un suministro de una vez por semana, si acaso dos. El resto del tiempo hay que realizar los pagos por pipas (camiones cisternas) o llevar a cabo las pretenciones en otro lugar”, sostiene.

El jubilado señala los sitios de la región a los que acude con continuidad para ir al baño. “En el Hotel Inglaterra hay buenos baños y no se ponen tan pesados, también en el Parque Central tienen buen suministro de papel sanitario, pero en el Telégrafo es imposible ni ingresar porque la seguridad es muy rigurosa”, repasa.

El Grand Packard, gestionado por la compañía española Iberostar Hotels & Resorts, no tendrá inconvenientes con el agua. Este lunes bien temprano numerosos camiones cisternas lo abastecían, en una rutina que llevan a cabo todos los hoteles de la región, una de las que más desabastecimiento hidráulico tiene en La Habana.

Con diez escenarios y una vista privilegiada, el hosting asegura a sus visitantes comprender una cara histórica y bien concurrida de la región. Los comerciantes de la región esperan favorecerse de los usuarios que se aventuran a comer y darse unos tragos fuera de las instalaciones hoteleras en un instante en que la baja del turismo preocupa a todos.

“Aunque el Packard tenga toda clase de lujos, siempre existe quien quiere tocar la verdad con sus propias manos”

“Estamos en la misma acera y algo nos tocará de este pastel”, pronostica un empleado de la cercana cafetería privada La Tatagua. El local, pequeño y bien diseñado, tiene una vista al Recorrido del Prado y conexión por wifi que los usuarios tienen la posibilidad de utilizar mientras consumen. “Aunque el Packard tenga toda clase de lujos, siempre existe quien quiere tocar la verdad con sus propias manos”, añade.

La situación es un criterio difuso en una de las ubicaciones más turísticas del país. Por un lado, están los sensacionales vehículos antiguos, varios de ellos descapotables, que dan recorridos por las áreas más reconocidas del paisaje urbano, pero a pocos metros también se mantienen milagrosamente en pie inmuebles en los que se hacinan incontables familias.

El piso del recorrido central fué pulido hace poco y esta semana numerosos trabajadores seguían laborando en las farolas que marcan la ruta. “Toda la región se ha embellecido para la ocasión, fundamentalmente las áreas verdes que están justo en oposición al hotel”, afirma uno de los custodios, de especial traje y corbata, que aguarda a la entrada.

Propiedad de la compañía hotelera estatal Gaviota, dominada por las Fuerzas Armadas, el Packard vino a subrayar los contrastes en una región donde el hotel Manzana Kempinski ya se veía como “algo caído del cielo”, según bromea Carbonell.

“Esto era una ruina, porque antes se encontraba el hotel Biscuit, que se inauguró en 1911 y que mi abuelo me contaba que era una joya”, afirma María Eugenia, que vive en otra ciudadela de la acera contraria “con vista directa al nuevo hotel. En este momento me levanto y cuando miro por la ventana me se ve que estoy en otro país”, ironiza.

Ahora me levanto y cuando miro por la ventana me se ve que estoy en otro país”

El Packard, con 312 habitaciones, tiene amplios ventanales de vidrio, esquinas afiladas y un área de portal que se integra al recorrido a la sombra, típico de la región. Su imponencia y tamaño -ocupa una manzana completa- tienen pocos oponentes en las cercanías.

La fachada, no obstante, tiene sus detractores. “Aunque se ha conservado parte de la composición exterior original la mayoría de los elementos son modernos y rompen la estética dominante en la región”, opina Laura Fumero, graduada de arquitectura y que colabora con un pequeño gabinete privado de diseño.

“La altura de la portada se ve quedarle grande al edificio, pero mi más grande cuestionamiento debe ver con la demanda de energía, agua y otros elementos que tendrá este hotel cuando esté completamente operativo. No sirve de bastante tener algo tan lujoso instalado en un espacio con una infraestructura general que tiene más de un siglo”, considera.

La arquitecta va más allá y pone en duda la necesidad de hoteles de “enorme volumen”. La decisión “sería más aceptada si estuviéramos viviendo un incremento vertiginoso del turismo, pero no es la situacion”, puntualiza. “Se trata además de un tipo de hosting designado a visitantes de altos capital, pero en este preciso momento se está viviendo una caída en el número de norteamericanos que llega y que son, en la mayoría de los casos, los que están más dispuestos a gastar más”, opina.

En el primer semestre del año las cantidades globales del turismo, unos 2,5 millones de visitantes, descendieron en más de un 5%. Tomando presente solamente a los turistas estadounidenses, la caída de todo el semestre fue del 24%. Entre enero y marzo pasados, 240 grupos de estadounidenses cancelaron sus reservas gracias a las novedosas limitaciones que Washington ha impuesto sobre los viajes a la Isla.

En junio pasado, el cercano Manzana Kempinski se encontraba abajo de un 20% de ocupación, según testimonios ofrecidos a 14ymedio por numerosos de sus empleados

En junio pasado, el cercano Manzana Kempinski se encontraba abajo de un 20% de ocupación, según testimonios ofrecidos a 14ymedio por numerosos de sus empleados. “Es una apuesta difícil de cumplir, porque en esta región ya hay una enorme saturación de habitaciones y nos encontramos en un instante difícil”, afirma una turoperadora que prefirió el anonimato. Más allá de ello, el gerente general, Xavier Destribats, afirmó que el grupo hotelero suizo que lo gestiona tiene numerosos proyectos más en grupo con la estatal Gaviota.

“Con cada inauguración crece la presión y la premura para atraer más turismo, pero no se divisa que vaya a ocurrir otro boom como el que pasó con el acercamiento de Barack Obama”, enseña la experta en referencia al deshielo diplomático entre las dos naciones que comenzó en diciembre de 2014. “Tendría que cambiar algo drásticamente para que el número de turistas se expanda hasta los números que se requieren”, afirma.

Más allá de las intranquilidades de arquitectos y turoperadores, los vecinos más cercanos al hotel Grand Packard, como María Eugenia y Gerardo Carbonell, se preocupan que la demanda de elementos del hosting perjudique con sus prácticas del día a día.

“Tendremos que acostumbrarnos al ruido de las pipas desde temprano y al trasiego de recursos, la seguridad de la región se redoblará y eso perjudica al mercado negro”, apunta él. “Mucha gente tiene miedo de que esta moda de abrir hoteles de lujo siga y que la calle Prado completa concluya destinada al turismo”, advierte ella.

Sobre sus cabezas, en una terraza radiante y llena de interesantes promociones, los primeros curiosos miran hacia el horizonte y ocasionalmente voltean la visión hacia abajo.

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