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Transportistas autónomos no trabajaran por el primero de mayo


Rafael Alba Macía, organizador nacional de la Asociación cubana de
transportistas autónomos (Foto de la autora)

LA HABANA, Cuba. – Rafael Alba Macía, organizador nacional de la Asociación cubana de transportistas autónomos, afirma que sus asociados “no piensan trabajar el 1 de mayo en queja a la masividad que va a la plaza”.

“No vamos a desfilar, mas tampoco vamos a trabajar”, afirma Alba Macía, que habla en nombre de una asociación independiente que, si se robusteciera lo bastante, podría poner en crisis la urbe.

El transporte siempre y en todo momento ha sido un punto frágil en las políticas desatinadas de bien público que ha intentado incorporar el gobierno para mitigar la situación del pueblo. Después de muchos años en la oposición, Alba Macía cree haber encontrado un modo efectivo de queja en su intento de organizar a uno de los ámbitos más controvertidos de la sociedad civil cubana, los boteros.

“Un día en la urbe sin nosotros es realmente un caos”, apunta Alba, que aprovecha y recuerda la huelga convocada el siete de diciembre de 2018: “Las personas estaban agobiadas. No había transporte. Ese día los pocos que trabajaron aumentaron el costo del transporte (…) El recorrido más largo podía llegar hasta 50 pesos, le habían subido 30 pesos (…) Tuvimos noticias del ministerio que fueron los que me detuvieron el día dos por primera vez acá mismo con la policía”, explica, haciendo alusión al conocido Parque de El Curita, donde a lo largo de años coincidieron cientos de boteros.

“Un día sin transporte en cualquier una parte del planeta es un inconveniente muy, muy grande, mas acá más por el hecho de que la gente no tiene transporte particular, cuando menos ninguno que trabaje para el estado. Así que ese día sí ocasionamos problemas”, afirma.

El siete de diciembre de 2018 la gente vio poco movimiento de boteros en las calles, mas apenas se enteraron de la opresión como única contestación que siempre y en todo momento ha tenido este gobierno contra cualquier ciudadano que intente demandar sus derechos.

El organizador nacional de la asociación de transportistas hace un inventario de las consecuencias.

“En aquel instante éramos 116 activistas. Ahora somos 73. Pensábamos alargar el paro por 10 días y no pudimos por el hecho de que muchos de los activistas fueron detenidos, multados con dos mil pesos, conminados con que perderían su transporte, que se les iba a eliminar su licencia, y como es un transporte privado y es su dinero, con el que nutren a su familia, muchos cogieron temor y se retiraron”, cuenta.

Por supuesto, lo peor recayó en Alba Macías, quien explica de qué manera le aplicaron la técnica de rendición por desgaste y cansancio que aplica la Seguridad del Estado para desacreditarlo y también impedir que los activistas sean protegidos.

“Fui detenido el viernes dos de diciembre, me soltaron al otro día. Volví a ser detenido a las seis de la tarde y me llevaron a la estación de policías del Capri. Me soltaron al otro día por la mañana y saliendo de la estación de policías me volvieron a detener y me llevaron al Vivac. Estuve un par de días más allí”; no obstante, Alba Macías afirma que el paro empezó el día siete de diciembre por el hecho de que no era el único que estaba comprometido.

Una de las estrategias del gobierno para desarticular a los boteros ha sido la implementación de sendas de taxis en colaboración con el gobierno. Sin embargo,  para el transportista, “las gacelas”, como popularmente se les conoce a los automóviles estatales “no son competencia por el hecho de que el servicio es pésimo”.

“Muchos (choferes estatales) se han retirado por el hecho de que la suma que pagan diario no es simple y prosiguen siendo esclavos del régimen: el día que tienen un inconveniente en su casa o bien que deben ir al mecánico, deben abonar igual. Una buena cantidad de les piden al gobierno que les entreguen los 1200 dólares”, el dinero que debieron abonar para poder acceder a la plaza de choferes de ruteros.

Otra de las maniobras en contra de este campo de la economía privada cubana fue cerrar el acceso al Parque de El Curita donde residían las piqueras donde la población cambiaba de senda en la urbe.

“¿Cuántos boteros se vieron perjudicados? Número preciso no te puedo dar”, afirma Alba Macías, mas de allá desaparecieron las piqueras de “San Miguel del Padrón, la de Guanabacoa, El Cotorro, Guanabo, La Palma y mandaron a todo el planeta a la calle. Buscaron otro inconveniente, complicaron más las cosas. Ahora la gente se baja de un carro y no saben dónde coger otro para proseguir su camino”.

Las demandas de esta asociación autónoma son bien simples y se ajustan a sus necesidades como trabajadores. La más reciente es la recolocación de una piquera, la otra demanda lleva más tiempo en su agenda y es que “nos bajen el impuesto”, afirma el organizador nacional. También “exigimos que se nos vendan gomas y piezas que son bastante caras y que bajen el petróleo nos de precio”, sigue.

“No nos dan nada y lo que han hecho es encarecerlo todo”. Alba Gracia aprovecha la ocasión para charlar del llamado “experimento” que el mismo gobierno declarase un descalabro.

“Dijeron que iban a dar gomas, petróleo, baterías, mas conforme iban hablando las palabras iban desapareciendo. Todo fue una mentira”, afirma.

En el “experimento” el primordial descalabro residió en la tarjeta de petróleo, “que aún existe mas que no funciona” y que sirvió para “controlarnos con 240 litros en el mes, cuando uno consume 25 o bien 30 diarios”.

El impuesto “sigue siendo el mismo”, apunta el transportista, que afirma estar consciente de que, al final, el más perjudicado es el pueblo, que ha de abonar el doble, pasear o bien no salir a la calle toda vez que sube el costo del transporte, prohíben una piquera o bien la circulación de los boteros en ciertas calles.

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