Paradojas | EL ESPECTADOR

Las paradojas son proposiciones verdaderas pero ilógicas. Los colecciono, igual que los demás guardan sellos o fidelidad, lo cual no es vergonzoso. Puse un poco aquí para acompañar el café del sábado.

Que la noche sea oscura a pesar de los miles de millones de soles que la habitan es un problema que ha vencido a Galileo, Kepler y Newton. Poe lo resolvió con sencillez: la noche es oscura porque la luz de las estrellas más distantes aún no ha llegado a la Tierra, escribe en Eureka, su loco libro de astronomía. Al margen de las pruebas, añadió una observación sorprendente: “La noche es cónica, la sombra del planeta en los espacios exteriores”.

Paradoja del sapo: cuantos más sapos, menos insectos (relación inversa), pero si la población de insectos disminuye, la población de sapos también disminuye (relación directa). Por tanto, las dos poblaciones tienen relaciones inversas y directas entre sí, o ni directas ni inversas, por decirlo en lengua fajardiana.

Si bien es cierto que toda regla tiene una excepción, esta vieja regla también debe tenerla; en otras palabras, debe haber al menos una regla sin excepción.

Corolario: todas las reglas son curvas y te picarán los ojos.

El teorema de Gödel es una herejía rigurosa: las matemáticas son inconsistentes e incompletas y siempre lo serán. Que el universo no explotara en mil pedazos después de la demostración de esta monstruosidad en 1931 es una maravilla que la ciencia todavía no puede explicar. El teorema de Gödel es y siempre será el resultado teórico más atrevido de la ciencia hasta la fecha.

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Borges descubrió otra paradoja vinculada al autor de Eureka. El Poe romántico tenía una convicción clásica: la composición poética es un acto racional. Los antiguos, los clásicos, profesaban una creencia romántica: la creatividad es un regalo de las musas.

El camino más rápido entre dos puntos en el espacio no es una línea recta; es una curva, el braquistócrono. El problema se planteó en un concurso abierto a finales del siglo XVII. Llegaron dos soluciones correctas. Uno estaba firmado por los hermanos Bernoulli. El otro fue anónimo, pero el jurado reconoció la agudeza analítica de Newton en el procedimiento.

Lógica difusa. La sensible lógica aristotélica tiene hoy una aplicación muy limitada, en el ámbito de los grises, cuando es ingenuo decir: “El que no está conmigo, está contra mí”.

Paradoja de San Agustín. Sin libre albedrío, el hombre es irreprochable, inocente de sus faltas, inconsciente de sus virtudes. Con libre albedrío, Jehová pierde el control.

Paradoja de Wilde: “Puedo resistir cualquier cosa menos la tentación”.

Paradoja de WH Auden: “Toda mala poesía es sincera”. ¿Significa esto que la sinceridad es una falta, que el poeta debe ser un hipócrita? (En griego, el hipócrita es una máscara). Puede que sí. Es posible que Auden haya querido advertirnos de que el poema aún necesita ser editado. Nota: Auden no dijo que toda la poesía sincera sea mala.

Ciencia irónica. Hasta principios del siglo XX, la ciencia basaba su prestigio en el poder de la predicción: “A la causa A siempre le seguirá el efecto B”. Hoy, es humilde, predice que no puede predecir (teoría del caos, principio de incertidumbre, el gato de Schrödinger) y que sus declaraciones en lo sucesivo estarán escritas en el prudente lenguaje de la probabilidad.

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Conclusión. Nos gusta el orden lógico. Nos tranquiliza pensar que el universo sigue leyes, que podemos descifrarlas y un día tener “el plano total del laberinto”, como decía el minotauro de Buenos Aires, ciego en el centro de su laberinto. Sin embargo, también amamos estas rupturas del orden, estas paradojas, estos juguetes de la mente, estos torbellinos de lógica.

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