Muere Eugenio Martínez, el último de los ladrones de Watergate

Eugenio Martínez, el último ladrón sobreviviente de Watergate y el único personaje en el escándalo además de Richard M. Nixon en recibir un indulto presidencial, murió el sábado en Minneola, Florida. Tenía 98 años.

Su muerte, en la casa de su hija cerca de Orlando, fue anunciada por la Brigada 2506, un grupo de veteranos de los exiliados cubanos anticomunistas de Martínez. Su abortada invasión para derrocar al gobierno liderado por Fidel Castro en 1963 en Bahía de Cochinos fue secretamente respaldada por la CIA.

Martínez estuvo indeleblemente vinculado a un crimen que provocó la caída de un presidente. “Quería derrocar a Castro, y desafortunadamente derroqué al presidente que nos estaba ayudando, Richard Nixon”, dijo Martínez en una entrevista con el periódico español El Mundo en 2009.

Martínez, quien se dice que se ha infiltrado en Cuba cientos de veces en misiones para colocar agentes anticastristas o extraer cubanos vulnerables, fue uno de los cuatro agentes reclutados en 1972 para robar la sede del Comité Nacional Demócrata en el complejo Watergate en Washington. Dijo que fue reclutado por Howard Hunt, otro veterano de Bahía de Cochinos y ex alumno de la CIA.

Según el relato de Martínez, a los ladrones se les asignó la tarea de buscar evidencia de que Castro estaba subsidiando la campaña del rival demócrata de Nixon para la reelección, el senador George S. McGovern.

El 17 de junio de 1972, durante su segunda incursión en las oficinas de Watergate – para reparar los dispositivos de escucha problemáticos que habían instalado semanas antes, dijeron las autoridades – llamaron la atención de un oficial de policía, alerta de seguridad, quien notificó a la policía.

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En enero de 1973, cuatro de los cinco ladrones, miembros de los llamados plomeros, un equipo informal de la Casa Blanca encargado de reparar las filtraciones de información, se declararon culpables para evitar revelar los detalles de la operación fallida. Fueron condenados por conspiración, robo y escuchas telefónicas.

Los otros, todos de origen cubano, fueron Bernard L. Barker, ex agente inmobiliario de Miami y agente de la CIA, fallecido en 2009; Virgilio González, un cerrajero de Miami, que murió en 2014; y Frank A. Sturgis, un soldado de fortuna, que murió en 1993. (En 1971, los cuatro también estuvieron involucrados en el robo en la oficina de Los Ángeles del psiquiatra de Daniel Ellsberg, el ex analista del Departamento de Defensa que había reveló los Documentos del Pentágono a la prensa).

Cada uno de los cuatro cumplió unos 15 meses en prisión. Hunt sirvió aproximadamente 31 meses.

Fueron dirigidos por James W. McCord Jr., un coordinador de seguridad para la campaña de Nixon cuya confesión al juez justo antes de su sentencia precipitó revelaciones de crímenes y encubrimientos en la Casa Blanca que resultaron en la renuncia de Nixon en 1974.

En 1977, los cuatro ladrones nacidos en Cuba acordaron cada uno un acuerdo extrajudicial de 50.000 dólares de la campaña de Nixon. Dijeron que habían sido engañados haciéndoles creer que estaban actuando con la aprobación del gobierno en nombre de una administración de la Casa Blanca que estaba preocupada por la seguridad estadounidense y compasiva con los refugiados cubanos.

En 1983, después de que los presidentes Gerald Ford y Jimmy Carter rechazaran sus solicitudes de clemencia, Martínez, que resultó que todavía estaba bajo la orden de la CIA en el momento del robo de Watergate, fue indultado por el presidente. Ronald Reagan.

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El indulto, concedido porque Martínez había sido considerado el menos culpable de los acusados, restauró su derecho al voto. A pesar de la terrible experiencia, se jactó de un recuerdo de Watergate: un trébol de la suerte dorado con la inscripción, en español, con las palabras “Buena suerte, Richard Nixon”.

Eugenio Rolando Martínez Careaga nació el 7 de julio de 1922, en lo que hoy es la provincia de Artemisa en el occidente de Cuba. Antes del ascenso de Castro, fue exiliado como crítico del dictador Fulgencio Batista. Más tarde regresó a Cuba, pero se fue nuevamente en 1959 para oponerse al recién instalado régimen de Castro.

“A mi mamá ya mi papá no se les permitió salir de Cuba”, escribió en una reminiscencia publicada en Vanity Fair en 1974. “Hubiera sido fácil para mí sacarlos. Fue mi especialidad. Pero mis jefes en la empresa, la CIA, dijeron que corría el riesgo de ser atrapado y torturado, y que si hablaba corría el riesgo de comprometer otras operaciones. Entonces mi madre y mi padre murieron en Cuba. Así es como van los pedidos.

Le sobreviven su hija, Yolanda Toscano, y dos nietos.

Después de su liberación de prisión, Martínez trabajó en bienes raíces y como vendedor de autos. Se hizo conocido como Musculito (o Little Muscle) porque continuó haciendo ejercicio en su apartamento de South Beach en Miami Beach hasta los 90 años.

Dijo que consultó con el director Oliver Stone sobre la película de Stone de 1995 “Nixon”.

Martínez tenía tristes recuerdos de su trabajo secreto. El episodio de Watergate, después de todo, terminó con el arresto del grupo, confiscado en posesión de efectivo, guantes, ganchos de seguridad, walkie-talkies y películas ofensivas. Y había comenzado de manera desfavorable para él, luego de un tenso drama personal. “Me acababa de divorciar ese día”, escribió en el artículo de Vanity Fair, “y había ido de la corte al aeropuerto y del aeropuerto a Watergate”.

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“No puedo evitar ver todo el asunto de Watergate como una repetición de Bahía de Cochinos”, agregó. “La invasión fue un fiasco para Estados Unidos y una tragedia para los cubanos”.

En una entrevista para un documental nunca estrenado, Billy Corben, el director de la película, recordó en Facebook que Martínez había lamentado que su misión de por vida para liberar a Cuba, en particular a través de la invasión de Bahía de Cochinos, había fracasado.

“¿Por qué? Todos murieron por nada. Perdimos Cuba”, habría dicho. Luego, recuerda Corben, “de repente se le iluminaron los ojos, como si acabara de ser golpeado por una brisa suave y cálida de Varadero, y sonrió”, pero ganamos Miami. “”

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