Los científicos deben sumarse ahora a este grito por el movimiento San Isidro

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde que un avión de Cubana despegó del aeropuerto José Martí con destino a Madrid y conmigo dentro. En ese momento, sentí que la isla se había quedado atrás, probablemente para siempre. Nunca he sido un activista por la libertad en Cuba, ni me he unido a los movimientos en el exilio y solo en raras ocasiones he sido, públicamente, mordaz contra el régimen que estaba tratando de cortarme todas las alas.

Desde que me fui, me he centrado en la ciencia, la divulgación científica y el crecimiento como investigadora. Mi interés se ha centrado en desentrañar los misterios de la naturaleza y, en el camino, encontrar soluciones a las enfermedades que aquejan a los humanos. Pero nunca he dejado de ser cubano, con cierta tendencia a pronunciar el zyc como en la metrópoli y madrileño de corazón, pero cubano.

Sin embargo, siempre he sacado algo de la intelectualidad que, desde los cuatro puntos cardinales del planeta, pide una Cuba democrática. Quizás fue la pereza o el cálculo de una probabilidad muy cercana a cero lo que me separaba de cualquier movimiento en esta dirección. Pero ha llegado el momento de participar y exigir.

Mi privilegio de ser un europeo adoptado no debería quitar ni un ápice de simpatía a lo que está sucediendo hoy en la Isla de las Metáforas, a la que suelo llamar. A mi lucha contra el maldito coronavirus, la puta metástasis y a favor de los derechos LGTB debo sumar un fuerte apoyo a quienes han tenido la magnífica audacia de enfrentarse a un régimen demasiado obsoleto.

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Los científicos, a diferencia obvia de los artistas, son más sombras que focos. Apenas levantamos la voz. Pero, repito, hoy debemos unirnos a este grito por el movimiento San Isidro. Seguramente tendremos diferencias de perspectivas, conceptos y visiones… pero la esencia está en la libertad. Esta palabra prohibida en cualquier dictadura debe ser una realidad en mi Cuba y en la tuya. Agreguemos, partiendo de la diferencia y la diversidad, para que este hermoso lugar del Mar Caribe deje los años de represión en la historia.

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