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Las penurias de los ancianos cubanos


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LA HABANA, Cuba.- Andrea trabajó pocos años para el Estado, puesto que pasó la mayoría de su vida cocinando y planchando en una casa particular. Como consecuencia, ya anciana, cuando prácticamente no podía laborar por inconvenientes de salud, no pudo jubilarse puesto que no había amontonado el tiempo preciso. Gestionó una ayuda de la seguridad social y la recibió a lo largo de un tiempo, mas lamenta que se la quitaron hace unos años, cuando tras una revisión se les suspendió ese tipo de ayuda a ciertas personas, en su caso, pues tiene un hijo (si bien no vive con ella y es alcohólico). Esta es una de las tantas formas en que el Estado cubano evade su responsabilidad con los ancianos. Por suerte, Andrea consiguió localizar un trabajo apropiado para ella en otra casa: ahora acompaña a una anciana y le hace mandados.

La primera Encuesta de Envejecimiento Poblacional se efectuó en el país de diciembre de 2010 a marzo de 2011. Según el directivo del Centro de Estudios de Población y Demografía de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE), Juan Carlos Alfonso Fraga, este estudio sería considerado una herramienta indispensable para la toma de resoluciones en el país. Entre los factores a medir estuvieron la salud, la seguridad económica y las redes de apoyo. Según los resultados, uno de cada 2 ancianos sentía   miedo o bien inseguridad por su coyuntura económica o bien de salud en el futuro. En la valoración del nivel de vida de pacto a sus ingresos, el 60 % aseveró padecer privaciones y faltas, y de estos, un enorme porcentaje adujo que con sus ingresos “viven mal” y “casi no alcanza para vivir”. Solo cuatro de cada 10 ancianos afirmó vivir entre bien y un tanto  apretado.

En aquella ocasión, ciertos ancianos, embelesados con la cacareada publicidad de las reformas para la actualización del modelo económico cubano, argüían que el censo era para progresar sus precarias condiciones de vida. Pero la falta de confianza se apoderó de en el momento en que una de las primeras medidas adoptadas como parte de las reformas económicas fue eliminar los “subsidios excesivos y las gratuidades indebidas”, algo que afectó a los de más reducidos ingresos, y si bien se contemplaba el incremento de las pensiones, no fue hasta finales del año pasado (2018) que la sórdida dictadura marxista solo aumentó las pensiones más bajas hasta igualarlas a 242 pesos cubanos, que es ahora la pensión mínima. Luis, un invidente que cobraba 200 pesos y que resultó “beneficiado”, ironiza: “Casi raspamos los 10 chavitos”. Y no le falta razón, pues, si bien el gobierno adquiere la moneda convertible a 24 pesos, para cualquier transacción económica la vende a 25.

El citado estudio reflejó el nivel de pobreza en que viven los ancianos debido a sus misérrimas pensiones, no obstante, el gobierno, en el trascurso de estos años, ha aumentado los costes de productos de primera necesidad, como de los servicios básicos, mas no ha tomado ninguna medida para elevar el nivel de vida de los adultos mayores, uno de los ámbitos más frágiles de la sociedad y que forman el 19.4 % de la población. Por el contrario, en el 2008 se aprobó la Ley de Seguridad Social que aumentó la edad mínima de jubilación en 5 años (mujeres 60 y hombres 65 años), algo desmesurado dadas las precarias condiciones físicas en que los cubanos llegan a esas edades.

Hoy vemos de qué manera los temores que manifestaban los ancianos en aquella encuesta se han hecho realidad, puesto que se ha agudizado la falta de comestibles, fármacos y otros artículos de primera necesidad, además de esto de la agresividad que encaran en las colas provocadas por la escasez. El gobierno sabe que las personas de la tercera edad son los más perjudicados, y si bien en el cómputo anual del Ministerio de la Industria Alimenticia se propuso “incorporar en las bodegas nuevos productos normados mas no subsidiados, y diseñar productos destinados a los adultos mayores de 65 años”, la población se sostiene incrédula puesto que hasta el instante no se aprecia ningún cambio. Peor todavía, aún no se sabe de qué productos se trata, mas el hecho de que se planee venderlos en bodegas y no en carnicerías hace meditar no en la precisa proteína, sino más bien en uno de esos “polvos sospechosos” cuya composición ignoramos los usuarios, como lo fue en su instante el Cerelac, o bien más últimamente el Chocolatín.

Increíblemente, en frente de la concluyente realidad la publicidad gubernativo es descarada. Recientemente, una pupila de preuniversitario estaba molesta pues en la escuela le habían dicho que ahora los ancianos podían adquirir las medicinas pues Fidel Castro las había rebajado, al paso que a ella tiene constancia de que eso es patraña, puesto que su vecina, una anciana de 83 años, lava y plancha para la calle para poder costearse los fármacos, que le cuestan 90 pesos. Tampoco las medicinas están siempre y en todo momento libres. Avelino es un vecino de 82 años de edad que hace cierto tiempo padeció un infarto; 3 de sus fármacos están en falta, con lo que , para ahorrarlos, se brinca dosis y de esta manera no pasa muchos días sin tomarlos.

Ahora bien, entre las gratuidades eliminadas no se incluyó la fantástica canasta alimentaria de los líderes, la reparación o bien rehabilitación de sus residencias con materiales de primera calidad, los viajes al extranjero –como los de la esposa de Díaz-Canel, que no es ninguna funcionaria– y la buena vida que muchos de o bien sus seguidores se dan vacacionando en nuestros centros turísticos, al paso que los ancianos censados que manifestaron su deseo de gozar unas vacaciones o bien excursiones no pueden hacerlo por inconvenientes económicos.

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