La estafa del “Gran Canal de Nicaragua”

Por Enrique Saenz (Confidencial)

Nicaragua y la ruta propuesta del canal.

Si el canal se desinfló como un globo goteando, ¿por qué Ortega no derogó esta traicionera ley que da la concesión?

HAVANA TIMES – Sin duda, la mayor estafa en la historia de Nicaragua, y ciertamente también en la historia de Centroamérica, es la apropiación de la cooperación venezolana por parte de Daniel Ortega y sus cohortes. Más de $ 5 mil millones fueron a sus bolsillos, si nos atenemos a los datos publicados por el Banco Central.

Pero hay otra estafa no muy lejos, aunque de un tipo diferente. Me refiero al cuento de hadas de un canal interoceánico. En este momento, se desconoce el alcance de los fondos transferidos, o cuánto se ha malversado o aún está en proceso de transferencia. Todo bajo el disfraz de una de las concesiones más traidoras que pudo haber hecho un gobierno nicaragüense. Y, piénselo, cuando se trata de gobiernos vendidos, desafortunadamente hay mucho que mostrar en nuestra historia. Pero ningún otro ni siquiera se acerca a Ortega, a pesar de sus bulliciosos discursos sobre traidores.

Más allá de los aspectos estrictamente económicos, el proyecto del canal y la campaña lanzada por los portavoces serviles, oficiales y extraoficiales del régimen, encantaron los ánimos y las ambiciones. Aprovechando un sueño centenario, Ortega no tuvo dificultad en comprometer la soberanía del país durante cien años a un oscuro especulador chino. Otorgó derechos que ni Emiliano Chamorro ni los demás traidores de su estirpe habían soñado jamás dar.

Ortega, con la gran historia del canal, estafó a los empresarios, que se veían con los bolsillos llenos de negocios lícitos y mercados turbios. La primera y única licitación fue para el ensanchamiento de un camino de terracería al que se redujo toda esta fanfarria. Mientras tanto, los líderes sindicales del gobierno estaban elaborando listas de más de 50.000 trabajadores que serían contratados. Se frotaron las manos mientras soñaban con las enormes cuotas sindicales que tendrían que pagar.

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Los mafiosos de alto nivel contaron con los fuertes sobornos con los que defraudarán a ricos y pobres. Los líderes religiosos aliados del dictador, protestantes y católicos, prodigaron bendiciones y salmos en sus esperanzas de abundantes diezmos y limosnas. Ortega también defraudó a varios miles de nicaragüenses, hay que decirlo, que, impulsados ​​por la miseria o hechizados por el canto de la sirena, esperaban ansiosos que el maná cayera del cielo en forma de canal.

Daniel Ortega y su socio chino Wang Jing

Bueno, hace unos seis años, en este período de diciembre, vimos a Ortega, muy arrogante, agitando un documento que contenía la concesión traicionera, abrazando calurosamente a Wang Jing. Vimos chinos, al sol del mediodía, en Rivas, mezclados con los jerarcas del régimen dictatorial, muy esnob, con cascos relucientes, en lo que llamaron el acto de abrir las obras del gran canal.

“Los invito a recordar este gran momento. Este momento seguramente quedará registrado en la historia … ¡Estoy anunciando el inicio de las obras del Gran Canal de Nicaragua! Wang Jing dijo, cautivando con sus palabras y promesas, la codicia y las ilusiones de la mafia en el poder.

Había fotografías a izquierda y derecha con el benefactor y el profeta de esta maravillosa obra de construcción. Fueron acompañados de las brillantes máquinas que comenzarían a construir la Ruta de la Seda del siglo XXI. Fue como una historia concebida por la imaginación salvaje de García Márquez.

Más tarde resultó que las maravillosas máquinas, como un cruel circo, no eran más que camiones prestados de un ayuntamiento. Los hicieron brillar, les pusieron adornos y los presentaron como tecnología milagrosa.

En cuanto a Wang Jing, que hizo vibrar tantos corazones, nunca volvió a aparecer. ¿Lo que le sucedió?

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Según los mismos anuncios repetidos una y otra vez por el infatigable vendedor de engaños… ¿Te acuerdas de Telemaco Talavera? Por cierto, también falta Telemaco. El que estaba tan fascinado de aparecer con hechizos y hechizos que fluían incesantemente de su verborrea falaz… ¿Qué le pasó?

Todo ha sido rigurosamente planificado en los programas y horarios. La construcción tardaría seis años. Es decir, alrededor de esa fecha deberíamos entregar los pañuelos, llenos de alegría, acogiendo el tránsito de más de 3.500 barcos que pasarían por la gigantesca zanja, dejando un rastro de dólares, yenes, yuanes y euros.

El canal está programado para su pleno funcionamiento en 2020

En cualquier otro país, un fracaso tan estrepitoso, una estafa tan ostentosa, una broma del Gran Canal, habría derrocado a cualquier gobierno. Sería objeto de burlas y burlas durante el resto de la historia. Recordemos que más de cien años después, todavía culpamos al Tratado Chamorro-Bryan.

Pero los costos políticos del fracaso no se pagan si no se recaudan. Y los nicaragüenses no hemos hecho que la dictadura pague el costo político de tal fracaso.

Deberíamos frotarlo una y otra vez en todo momento.

¿De dónde provienen los fondos gastados? ¿Quiénes eran el hazmerreír?

¿Qué pasó con los brillantes estudios y las ardientes empresas que se involucraron en el proyecto?

¿Qué pasó con los inversores? ¿Dónde se esconde la empresa HKND? ¿Qué pasó con Wang Jing?

Si el canal se desinfló como un globo goteando, ¿por qué Ortega no derogó esta traicionera ley que da la concesión?

Estas son preguntas que deberíamos analizar una y otra vez.

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