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Ayda, Ramón, y los derechos humanos en Cuba


El pastor Ramón Rigal y su esposa Ayda Expósito. Foto Radio y Televisión Martí

LAS TUNAS, Cuba.- Este lunes, como vientre de leviatán voraz, cebado en el Mar Caribe, la lista de presos políticos en Cuba medró con 2 nuevos presos de conciencia.

A ojos del castrismo y de sus voceros, una riada de marxistas-masoquistas invocadores de Lenin y del Papa por igual, los condenados serían vulgares criminales y no presos de conciencia, visto que fueron sancionados por “delitos contra el normal desarrollo de la niñez y la juventud”, conforme enunciados del Capítulo III de la ley penal cubana.

Luego… ¿De qué manera fueron a la prisión estas 2 personas?

Una madre, Ayda Expósito, en este minuto continúa en cárcel en Cuba. Y un padre, Ramón Rigal, ahora está preso en una prisión cubana, los 2, marido y mujer, por instruir a sus hijos conforme principios de los derechos universalmente admitidos.

Ayda y Ramón tienen 2 hijos, una pequeña y un pequeño, de 13 y 9 años de edad respectivamente, y ahora el matrimonio fue separado de sus pequeños, condenado él a un par de años y ella a 18 meses de cárcel por los jueces del tribunal municipal de Guantánamo, acusados por la fiscalía de esa jurisdicción de, “otros actos contrarios al normal desarrollo del menor”.

El lector se volverá a consultar, ¿otros actos contrarios al normal desarrollo del menor…?, ¿qué es eso, inducción al empleo de drogas, abuso sexual, trabajo esclavo, incesto, estupro, corrupción de menores en prostitución, pornografía…?

Pues no. Nada de eso. En Cuba, la educación estatal, como el partido marxista, es única. No están tolerados los institutos privados, ni religiosos, ni de ninguna otra denominación, y, ya antes de percibir lecciones de ciencias naturales o bien de matemáticas, los pequeños cubanos deben entonar el leimotiv, “¡vanguardistas por el comunismo, vamos a ser como el Che!”.

Y esa educación ordenada por el Estado bajo un precepto marxista no tiene elección en Cuba. O bien los progenitores someten a sus hijos a tal adoctrinamiento o bien van presos. El Código Penal en el artículo 315.3 conceptualiza como crimen al que induzca a un menor a faltar a la escuela, a “rechazar el trabajo educativo inherente al sistema nacional de educación, o bien a infringir sus deberes relacionados con el respeto y amor a la patria”.

Pero en Cuba “patria” es lo que los castristas llaman “revolución”, y ya lo afirmó Fidel Castro, “dentro de la revolución: todo; contra la revolución, ningún derecho”.

Allá por el artículo 41 de la flamante Constitución 2019, después de una longaniza de palabras como “irrenunciable”, “imprescriptible”, “indivisible”, “universal y también interdependiente”, diríase que, el “Estado cubano reconoce y garantiza a la persona” el ejercicio de “los derechos humanos”, en correspondencia con los principios de “progresividad, igualdad y no discriminación”, y que el “respeto y garantía” de esos derechos es de “obligatorio cumplimiento para todos”.

Nada más lejos de la verdad. Es un sofisma aseverar que en Cuba se respetan los Derechos Humanos, y el encarcelamiento de Ayda Expósito y de su esposo Ramón Rigal ahora vienen a repetir que es un falso argumento el respeto del gobierno cubano por los derechos universales.

La Declaración Universal de Derechos Humanos en el artículo 26, apartado tres) conceptúa: “Los progenitores van a tener derecho preferente a elegir el género de educación que tendrá que darse a sus hijos”.

Y, amparados en ese “derecho preferente”, Ayda y Ramón decidieron que sus hijos no irían a una escuela donde, ya antes de percibir lecciones de gramática, ciencias naturales o bien cultura física, deben gritar: “¡Pioneros por el comunismo, vamos a ser como el Che!”

Ayda y Ramón lograron el patrocinio de una organización religiosa internacional, y, con sus buenos oficios, sus hijos estudiaban con los debidos programas, acordes a su edad y también intelecto, en su casa, como acostumbra a estudiar cualquier estudiante en un país civilizado cuando las circunstancias de este modo lo requieren.

Pero Ayda y Ramón viven en Cuba y el día de hoy están presos por “escoger el género de educación que tendrá que darse a sus hijos”, conforme afirma el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Organizaciones religiosas nacionales y también internacionales han levantados sus voces por su rápida liberación.

El general Raúl Castro, última voz en educación y dichos políticos en Cuba, tiene la palabra. Dos pequeños separados de sus progenitores por obra y gracia de la política aguardan por él.

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